Tras sus últimas declaraciones a la prensa, la Ley de Donaciones Culturales se ha posicionado como una pieza central en la estrategia del actual Ministerio de las Culturas, bajo la gestión de Francisco Undurrag El ministro ha definido esta normativa como la mejor ley de donaciones existente, destacando que permite a los privados descontar hasta un 63,5% de sus aportes mediante beneficios tributarios.
Hasta donde se sabe, el Ministerio está diseñando una “bolsa de proyectos” específica para ofrecer al sector privado. El objetivo es que las empresas puedan elegir iniciativas concretas para financiar, asegurando que el desarrollo de la cultura no se detenga ante la disminución de las arcas fiscales. La administración sostiene que no es posible superar la actual “emergencia cultural y social” sin una colaboración activa entre el Estado y el mundo privado. Se busca transitar de las meras declaraciones a la acción conjunta, donde los privados no solo aporten fondos, sino que también traigan obras de artes escénicas, ballet y teatro para expandir la cultura.
Uno de los fines prioritarios de estas donaciones es la construcción y refacción de infraestructura cultural a lo largo del país. El ministro menciona, por ejemplo, el uso de estos recursos para dar término a obras complejas como el GAM o potenciar espacios tradicionales como las medialunas de rodeo. En estos días han recrudecido los llamados de observadores de la actualidad cultural para que sea esta gobierno el que termine las obras del GAM. Y bastante razón tienen
Para dinamizar esta ley, el Ministerio ha iniciado una ronda de reuniones con actores clave como la Sofofa, la CPC y el Consejo Minero. La intención es comunicar las oportunidades de inversión y derribar la idea de que la cultura debe ser una responsabilidad exclusiva del Estado.
No es mala idea invitar a más actores a participar más activamente en el sector.
No obstante, el Ministerio enfatiza que cualquier proyecto financiado por esta vía debe validar criterios de calidad artística, independientemente de la afinidad política del donante o del creador.
Esta insistencia en la ley de donaciones responde a un cambio de mirada que prioriza la unidad nacional y el rescate de las tradiciones, buscando que el mundo privado se convierta en un facilitador del quehacer cultural nacional. La idea aparecía con algunos matices en las propuestas de gobierno de Mathei y Kaiser, por lo que parece hay aquí una suerte de continuidad programática para el sector, asumiendo que no había, en el programa de gobierno de Kast, ninguna referencia sobre este particular.