Epaté. En francés: asombrados. En castellano: impactados, pasmados. El término describe con exactitud el clima político —desde la derecha hasta la extrema izquierda— tras la designación de Juan Francisco Undurraga Gazitúa (Santiago, 1965) como ministro de las Culturas, Las Artes y el Patrimonio por parte del presidente José Antonio Kast. Publicista, empresario y militante de Evolución Política (Evópoli), la llegada del diputado al Gabinete fue leída por algunos como una jugada maestra, mientras que otros aún intentan descifrar la estrategia del Ejecutivo para el sector.

1. Marea de críticas en la derecha e incomodidad en la izquierda
El nombramiento generó una fuerte polarización en redes sociales, concentrada principalmente en los sectores conservadores, republicanos y libertarios que llevaron a Kast a La Moneda.

Cuestionamientos ideológicos: Las principales críticas apuntaron a votaciones previas de Undurraga en el Congreso en temas como aborto, identidad de género y terapias hormonales para menores, iniciativas calificadas por sus detractores como “progres” o “woke”. Figuras como el diputado Gonzalo de la Carrera calificaron la designación como un “gran error” y difundieron su historial de votación.

Incongruencia con el electorado: En la base conservadora existía el temor de que esta jugada representara un giro al centro que diluyera la agenda cultural prometida. Además, causó extrañeza la elección de un militante de Evópoli, colectividad que había entrado en causal de disolución según la Ley Electoral. Redes sociales como X se llenaron de hashtags como #NoAUndurraga y advertencias de una oposición interna en el oficialismo.

Incertidumbre en la izquierda: Acostumbrada a la retórica de la “batalla cultural”, la izquierda esperaba un perfil más confrontacional (del estilo de Teresa Marinovic). En su lugar, se encontró con un político profesional de Evópoli, partido que lideró la transición del antiguo Consejo de la Cultura al actual Ministerio y cuyo think tank, Horizontal, ha desarrollado las propuestas de financiamiento cultural más elaboradas del sector liberal hacia 2050. Por ello, influyentes figuras de la centroizquierda no escatimaron elogios para el nuevo ministro.

2. La apuesta de Kast: Pragmatismo y Realpolitik
A pesar de la enconada oposición interna, el presidente Kast se mantuvo firme. Las razones de su decisión responden a un ejercicio de estricta realpolitik:

Afrontar la falta de programa propio: El equipo cultural de Republicanos se encontraba desarticulado y sin liderazgos claros, y sus escasas propuestas previas habían generado resistencia. Al no contar con una agenda detallada para el área, Kast optó por nombrar a un político con “muñeca” legislativa e ir a la segura.

Conexión con el votante medio: Al situar en el ministerio a un perfil más moderado que el de su base dura, Kast se acercó al electorado general. Para sus defensores, esta jugada lo posiciona como un estadista capaz de mirar más allá de las críticas personales —considerando que Undurraga fue un acérrimo crítico de Kast en el pasado— para privilegiar la capacidad de gestión.

Sombra ideológica a mediano plazo: El diseño del Gabinete incluyó una doble contención: un ministro de alto conocimiento público y perfil moderado, escoltado por dos subsecretarios de perfil técnico y lealtad irrestricta al Presidente. No obstante, las tensiones ideológicas internas reaparecerán cuando la base republicana exija gobernar con banderas propias y no prestadas.

3. Ajuste fiscal y gestión: “Gobernar cuando no hay plata”
A meses de asumir, la gestión de Undurraga se ha caracterizado por la reestructuración institucional, el énfasis en la eficiencia y la responsabilidad fiscal, y una relación distante con el sector artístico.

El recorte presupuestario y la reorganización
El Ministerio presentó su Plan de Acción en Cultura 2026-2030 en un contexto de “gobierno de emergencia” que busca un ajuste fiscal profundo.

Reducción efectiva: Se aplicó un ajuste cercano al 9-10% ($51.750 millones) para el presupuesto 2026.

Defensa de la gestión: El Ministerio argumenta que la ejecución real sigue siendo superior a la de años anteriores y que la reestructuración busca sincerar las cifras. Ciertos programas traspasados en el pasado desde Seguridad e Interior (como Comuna Segura) serán devueltos a sus carteras de origen para evitar “inflar” artificialmente el presupuesto cultural.

Reorientación de prioridades: Se redujo el financiamiento a infraestructura privada y corporaciones, reasignando fondos hacia contenidos familiares, Barrios Creativos, culturas tradicionales, patrimonio e innovación tecnológica.

Criterios curatoriales y límites éticos
Frente a las críticas por los recortes en los Fondos Cultura, el ministro fijó la postura oficial:

No violencia ni pornografía: Se ratificó la política de no financiar proyectos con contenidos violentos ni expresiones pornográficas (citando el rechazo a fondos para festivales como Excéntrico), argumentando que el Estado no debe subsidiar industrias comerciales ni promover el vejamen hacia la mujer.

Costo de oportunidad: El Ministerio justificó las reasignaciones señalando que presupuestos de $50 millones para eventos de nicho equivalen a dar solución habitacional a dos familias afectadas por emergencias.

Financiamiento de la crítica: Undurraga enfatizó que el Estado respeta la libertad de creación, pero que si una agrupación desea realizar “juicios críticos” o activismo político, debe financiarlo con recursos privados: “Los dineros de cultura no son del Ministerio ni del Ejecutivo; son de la ciudadanía”.

4. Los grandes hitos de la contingencia
La suspensión de la Fase II del GAM
Uno de los hitos más controvertidos fue la paralización de la segunda etapa del Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM).

El problema de origen: El proyecto contemplaba una gran sala de espectáculos con un costo total de $114.000 millones. A días de dejar el poder, la administración anterior licitó la obra contando solo con $20.000 millones asegurados.

La decisión del Ejecutivo: El Ministerio de Obras Públicas canceló anticipadamente el contrato argumentando irresponsabilidad fiscal. Undurraga zanjó el tema con una analogía doméstica: “Cuando no hay plata, no hay plata”.

El costo del frenazo: La cancelación implicará el pago de una indemnización estatal cercana a los $6.274 millones, dejando al espacio en una prolongada incertidumbre que evoca casos internacionales de sobrecostos e interrupciones emblemáticas, como la Ópera de Sídney o la Filarmónica del Elba.

Fase II del GAM en Cifras:
[ Presupuesto Total Necesario ] ████████████████████ $114.000 millones
[ Recursos Asegurados 2026 ] ████ $20.000 millones
[ Indemnización por Frenazo ] █ $6.274 millones

 

Fortalecimiento de la Ley de Donaciones Culturales
Frente a las restricciones de las arcas públicas, la gestión busca volcar el financiamiento hacia la filantropía privada a través de incentivos tributarios (que permiten descontar hasta un 63,5% de los aportes).

La “Bolsa de Proyectos”: Se busca crear una plataforma articulada de iniciativas aprobadas para que grandes empresas y gremios (como Sofofa, CPC y el Consejo Minero) inviertan directamente en infraestructura, patrimonio y artes.

Debate y objeciones: Críticos del sector señalan que este modelo acentúa la concentración de recursos en la “alta cultura” de la capital y en eventos masivos de alto retorno publicitario, descuidando la cultura comunitaria y regional. Asimismo, cuestionan que los incentivos tributarios terminan haciendo que el Estado renuncie a ingresos fiscales para que las élites decidan qué expresiones culturales priorizar.

Auditoría al Pase Cultural
Tras detectarse irregularidades y denuncias por el uso indebido de los fondos del Pase Cultural (reembolsos en compras no relacionadas con el sector), el Ministerio ordenó una auditoría a la Contraloría General de la República. Pese a que se evaluó su suspensión, el programa mantendrá su continuidad por ser ley de la República, ajustando sus mecanismos de control bajo la lógica de un subsidio a la demanda.

Conclusión
El inicio de la gestión de Juan Francisco Undurraga ha puesto a prueba los dogmas de la política cultural chilena. Mientras la izquierda observa con recelo el desarme de los fondos históricos y el sector conservador vigila de cerca cualquier concesión ideológica, el Ministerio avanza bajo una premisa marcadamente liberal: estricta responsabilidad fiscal, neutralidad ideológica del gasto público y apertura prioritaria al financiamiento privado. Los próximos años determinarán si esta visión logra consolidar un modelo sostenible o si profundizará la fractura con la comunidad artística nacional.

Fuentes principales incluyen el sitio oficial del Mincap, Wikipedia actualizada, reportajes de medios (La Tercera, BioBio, El Mostrador, CNN Chile, etc.) y declaraciones públicas.